Santoral 25 de Diciembre

LUNES 25 La Natividad de nuestro Señor Jesucristo

Blanco Solemnidad con Octava, en la Misa vespertina de la Vigilia MR, p. 153 (175) / Lecc. I, p. 422

Otros santos: Alberto Chmielowski, religioso franciscano y fundador; Anastasia de Sirmio, mártir; Eugenia de Roma, mártir. Beato Jacobo de Todi, religioso.

BEATO ALBERTO CHMIELOWSKI, del germánico, contracción de Adalberto, «el que brilla por su nobleza» (1845-1916). Religioso franciscano y fundador. Nació en Igolomia, Polonia, y fue bautizado con el nombre de Adán. Desde temprana edad quedó huérfano. En su tiempo su patria se encontraba en medio de un agitado clima político y social. Guiado por sus principios humanitarios, de libertad, igualdad y justicia participó en la insurrección de 1863, fue hecho prisionero y, debido a las heridas recibidas en la reyerta, se le amputó una pierna. Huyó a Bélgica, donde se inscribió en la facultad de ingeniería, pero abandonó los estudios. Tomó clases de pintura en París y, después, en Múnich. En 1874 regresó a su país y decidió dedicar su obra y vida al servicio de Dios. Tres años después recibió el sayal franciscano y adoptó el nombre de hermano Alberto. Fue el iniciador de los Hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, denominados Siervos de los Pobres o Albertinos (en latín: Congregatio Sororum Albertinorum Pauperibus Inservientium, S.A.P.U.); en 1891 creó la rama femenina de la congregación (albertinas). Su misión la dirigió en un primer momento a socorrer a viudas y huérfanos. Después amplió sus horizontes y creó asilos para huérfanos y ancianos, hospitales, lazaretos, albergues para discapacitados, donde se proporcionaba techo, alimento y capacitación para el trabajo. Con aureola de santidad, falleció en Cracovia. El llamado «san Francisco polaco del siglo XX» está considerado como «el hombre más grande de su generación» y fue canonizado en 1989 por san Juan Pablo II, quien le dedicó una obra dramática llamada «el Hermano de nuestro Dios».

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR. Jesús nació en Belén, en una cueva, donde se refugiaron José y María al no haber encontrado alojamiento. Esto aconteció en tiempos del rey Herodes I (20 a. C.-39 d. C.), probablemente en el año 4 de la antigua era. Fue descendiente de la estirpe de David (Lc 3, 31). La Iglesia fijó esta solemnidad a partir del siglo IV. Iconografía: se representa a María y José con el Niño Jesús recién nacido, dentro de la cueva, rodeado por animales y humildes pastores. San León Magno (440-461; 10 de noviembre), en su Sermón 1 en la Natividad del Señor, manifiesta: «Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad y nos infunde la alegría de la eternidad prometida».