Santoral 24 de Enero

MIÉRCOLES 24

Nuestra Señora Reina de la paz

Blanco Memoria de san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia MR, pp. 692 (682) y 956 (948) / Lecc. I, p. 541

Otros Santos: Beata Paula Gambara Costa, laica.

SAN FRANCISCO DE SALES, del italiano antiguo, «franco», «francés» (1567-1622). Obispo y doctor de la Iglesia. Nació en el castillo de Sales, Annecy (actual Alta Saboya francesa). Hizo estudios básicos en 1573 y aprendió el manejo de las armas; continuó su preparación en las universidades de París y Padua. Optó por la vida religiosa e ingresó al seminario y recibió el Orden sacerdotal en 1593. Se le comisionó a servir como párroco en Chablais, región de protestantes, siendo difícil y peligroso predicar la doctrina cristiana; sin embargo, logró éxito, y en un escrito al sumo pontífice expresó: «Cuando llegué aquí apenas se podían contar cien católicos… Hoy apenas se pueden contar cien herejes». Atendió asuntos diplomáticos en la Corte y fue director espiritual de nobles personajes. En 1602 se le nombró obispo de Ginebra. En 1610, junto con santa Juana Francisca de Chantal (12 de agosto), fundó la Orden de la Visitación de Nuestra Señora («visitandinas» o «salesas»), cuya misión será atender a las clases vulnerables. Entre su obra escrita encontramos: numerosas Cartas, Tratado del amor de Dios, Conversaciones espirituales, Introducción a la vida devota, etc. Falleció en el monasterio visitandino de Lyon, Francia. Fue canonizado en 1667 por Alejandro VII (1655-1667). El beato Pío IX (1846-1878; 7 de febrero) lo proclamó doctor de la Iglesia en 1877, siendo llamado, por su caridad y cortesía, «el doctor de la amabilidad». San Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) le llamó «el Fénix de los Obispos». Protector de periodistas. En su Introducción a la vida devota, expresa: «En la misma creación’ Dios creador mandó a las plantas que diera fruto cada una según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación. La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera o, bien, de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno».